martes, 30 de septiembre de 2014

Crónica del estreno de "Carmen" (G. Bizet)

   Empezando la temporada 2014 - 2015 estrenamos el 14 de septiembre una de mis óperas favoritas. Es que a "Carmen" no hay con qué darle, como se suele decir, no tiene un solo momento poco inspirado o puesto de relleno, para cumplir. Está todo allí donde debe estar y, suscribiendo a la famosa frase, nunca termina de contarnos lo que tiene para decir.

   De allí que cantar esta ópera o hacer una puesta de ella es siempre un desafío importante. Sea para el rol titular o los coprimarios, el coro o la orquesta. Y, por supuesto, para el regisseur.

   Nuestra producción renuncia a la Sevilla de 1820 para situar la acción en el ámbito deportivo de un estadio de fútbol. Así, Escamillo no es un torero sino el máximo goleador, la estrella, Don José trabaja en la seguridad del estadio y Carmen es una groupie.



La fleur.
  
    El amable lector ya sabe que no seré yo quien censure una regie porque traslade la acción de una ópera a un ámbito distinto al original. Pero, como en todo, se necesitan talento y oficio para que la travesía por tierras exóticas llegue a buen puerto. Y este no es el caso.

    La puesta en escena comienza con cierta enjundia. Es una tribuna y el coro festeja los goles, las cigarreras son groupies del club, yo soy el juez de línea que corre y atropella dos veces a Micaela, una dama de la alta sociedad vasca. Hay una mascota del club de fútbol, un oso de piel lila y de allí sale Carmen para cantar las primeras líneas de su rol. ¿Quién es, entonces, esa mujer despampanante a su lado, vestida de encaje negro, con abanico desplegado, larga melena morena y un clavel? Nada menos que una copia de Conchita Wurst. El abanico cae descubriendo su rostro y el gag es muy celebrado por el público. A partir de esto, la acción dramática de la famosa "Habanera" consiste en el flirt más o menos explícito de Carmen con su doble trasvestido.


Obertura.

   A partir de allí se intenta desde el concepto hacer caber el ámbito futbolístico en el marco de la acción de la ópera. El problema no son los ancronismos evidentes sino, como señaló la crítica del pasquín local, la banalización del conficto entre Don José y Carmen. El concepto de la puesta en escena muestra a un muchacho que está celoso porque su novia no se decide si quiere estar con él o si prefiere que la corteje un chico famoso. Ella se harta de tanto control y se aleja. Él vuelve a buscarla, la interpela, ella lo rechaza por última vez, él la mata. Los celos son malos consejeros, ay, lo que hace la pasión amorosa, estos españoles, vaya, qué fogosos, etc. No necesito explicarle al amable lector que la ópera "Carmen", la obra maestra de Georges Bizet, habla sobre un par de cuestiones bastante menos fútiles. No hay tragedia porque el regisseur no supo verla.


Principio del acto segundo.

   En la noche del estreno hubo varios abucheos para el puestista. El desacuerdo del público con lo que ha visto deja en las sombras los desacuerdos sonoros, los oculta. Así, se critica la tontería de la puesta pero se ensalza un trabajo desde el atril que poco suena a ópera francesa. Todo demasiado fuerte, inflexible y lleno de imprecisiones rítmicas.


"En route il faut partir". Y todos somos árbitros en la pesadilla de Don José.

   Por supuesto que los solistas dan lo mejor de sí y esto es lo que nuestro público toma en consideración. Salvo en un par de roles secundarios el nivel es bastante parejo y el coro impresiona por su alegría para actuar. Debo decir que a mí me encanta hacer la función pese a las dificultades y tonterías. Hay fragmentos - como el final con el coro detrás de escena - que no han salido como debieran y no parece que se puedan corregir en el futuro.

"Podéis arrestarme. Yo la he matado. Mi Carmen adorada"


   

viernes, 1 de agosto de 2014

Crónica del estreno de "Orfeo e Eurídice" (W. Gluck) y audiciones.

   Habiendo ya cantado todas las funciones de la ópera de Gluck, consigno para el amable lector el recuerdo del tiempo de ensayos y representaciones del título en cuestión.



   La obra presupone un ballet (del mismo modo que presupone un coro, tres solistas y una orquesta con su clave) y se convocó a una coreógrafa como regisseurin. La señora B. ya había trabajado con nosotros en otras tres oportunidades; en "La Traviata", "Los cuentos de Hoffmann" y en "The voyage". Sabíamos que es del tipo de directores de escena que prueban muchísimo buscando la exactitud, pero que pueden correr el peligro de perder los límites ensayando las cosas hasta el punto de su destrucción. También sabíamos que en la función el espectador puede no entender todo lo que ve pero intuye que hay una coherencia subterránea que da unidad a la puesta. O sea, trabajar mucho antes del estreno pero confiar en que el resultado será siempre satisfactorio, tanto para quienes estamos arriba del escenario como para el público.



   La escenografía fue armada a partir de carros enormes con paneles que se abren y se cierran y que permiten ser atravesados como en la foto de arriba. Esos carros se desplazaban armando los espacios.





   El concepto de la regie se basa en que Orfeo recuerda a Euridice luego de muerta y que la historia del rescate es solo una alucinación, un sueño, provocado por su pérdida. El coro y el ballet toma la figura de los sufrientes primero y, luego, de las Furias en el Reino de los Muertos.



   Amor viene a dar el final feliz, devuelve Euridice a su amado, pero Orfeo no la recupera porque todo ha sido un sueño.



Al final, queda Orfeo en su mesa de desayuno extrañando a Euridice.


   No hemos tenido un éxito de público que haya provocado batallas campales frente a la boletería del teatro pero los que han venido a ver la obra, nos han obsequiado siempre con un gran aplauso poníendose de pie. Incluso, cuando hemos hecho la ópera al aire libre en un palacio barroco. Poco quedó de la puesta original porque no fue posible trasladar la escenografía al patio del palacio, pero la acústica fue magnífica.



   En otro orden de cosas, me he presentado a dos audiciones para trabajar en sendos teatros. En primer lugar, en Berna, Suiza. Tuve que cantar en la sala. Nunca contestaron lo que les pareció mi canto, pero la mera publicación del aviso buscando tenores después de mi presentación ante ellos, me dió la pauta de que ya me habían descartado. Canté Arlecchino (¿elección equivocada?) y Ferrando.


Teatrino para la representación de "Ariadna en Naxos" de Strauss.


   Tiempo después volví a Bremen, mi primera ciudad alemana, a cantar para el teatro. Fue un reencuentro luego de 16 años muy lleno de recuerdos. Recién llegado desde Buenos Aires con mi beca, estudiando alemán, rodeado de alumnos que venían de todo el mundo, nos la pasábamos de fiestas, visitando museos, comiendo, era verano; en suma, yo fui muy feliz esos cuatro meses.


"Prohibido de 20 a 8 usar armas y objetos peligrosos"....

Había que hacer la foto de rigor.

Böttcherstrasse

"Todos los días, de 17 a 20, cerveza por un euro. Solo aquí"
Municipalidad.





Alojamiento en casa privada.

Teatro.

Sala del coro.

   Fueron muy amables y la pianista, muy profesional. Me dejaron cantar mis dos arias (Tamino y Don Ottavio), tuvieron una conversación conmigo y me desearon suerte para todos los partidos que jugase Argentina en el Mundial de Fútbol, como si eso me interesara. Por supuesto, dije que detestaba el fútbol y que me importaba un pito quien ganase o perdiese el campeonato. No sé si con esto me gané mucha simpatía entre el públco.

   Lo que sí sé es que debí llamar a la oficina de administración del teatro cuatro semanas después para saber acerca de los resultados de mi audición. Me comentarion que el director del coro había decidido tomar otro tenor. No me quedé muy decepcionado porque lo intuía. Ahora, en las vacaciones, se trata de pensar otra dirección para mi carrera artística, una que me dé más placer y juego. Se trata de barajar y dar de nuevo.

miércoles, 2 de abril de 2014

Crónica del estreno de "El cazador del bosque" (A. Lortzing)

   Como el amable lector recordará, la acción de la obra se ha trasladado del período Biedermeier alemán a la década de 1950, una época también muy burguesa y muy conservadora, el Plan Marshall y la desnazificación como deber.


    La media esfera que se ve en la foto es muy resbaladiza, una parte del concepto del regisseur: ver a sus figuras haciendo equilibrio cada vez que intentan llegar a la cima y deslizarse cuando se dejan caer obliga a los cantantes a tomar una actitud corporal que debería decir mucho sobre los personajes y sus sentimientos mutuos. No sé si esto funciona con la intensidad que se deseaba pero puedo asegurar que estar de pie allí o sentarse requiere un buen trabajo de piernas y calzado amable que colaboren con tales fines. En el final del acto primero debo estar sentado y mi colega Lorenzo juega a empujarme para que resbale hacia el suelo. "Si me caigo de la esfera te arrastro conmigo y rodamos hasta el foso de la orquesta" le digo y nos reimos mucho perdiéndonos las entradas del coro. 


   La historia trata de hermanos que no se ven desde hace años y no se reconocen y están de incógnito. En otro plano, el maestro de escuela del pueblo, Báculus, ha disparado a un ciervo en los dominios del conde de Eberbach y este lo pesca in flagranti. Por esto el maestro se queda sin su trabajo y trata de pedir piedad a su señor enviando a su prometida, Gretchen. El argumento completo se puede leer en la frecuentada Enciclopedia Británica, versión que reina en estos tiempos perezosos.

  
Acto II.

   M. sostiene que la obra posee una bonita música y poco más. Yo escucho en ella toda la tradición alemana del género, un pre Wagner, un poco del "Fidelio", bastante von Weber; todo pasasdo por el filtro de la comedia: nada es tan serio como en "El holandés errante" o las peripecias de una chica travestida e intrépida a que le ponen los calabozos. Es una ópera correcta, hecha por un profesional, con momentos estupendos, pero que no despierta amor irrefrenable por su música. Evito la molesta comparación con objetos más cercanos en el tiempo que han sido llamados, perezosamente, "música" y que no poseen el efecto del final del primer acto o del "Quinteto del billar" de la obra de Lorzting (quién, a la sazón, era actor profesional hijo de actores; conocía muy bien el lenguaje del escenario).

   O sea: "El cazador del bosque" no será una obra señera en la Historia de la Ópera pero es mucho mejor que lo que las nuevas generaciones suelen opinar al respecto (Lorzting ha pasado de moda en los países de habla alemana); es diversión a un gran nivel y con una música de muy alta calidad. Y tanto por la tradición musical que celebra como por la sociedad que describe da en el centro de la mentalidad alemana, cuyos rasgos más constitutivos se dejan sentir hasta el día de hoy. Hablo del amor y el respeto por las jerarquías - gesto tan prusiano -  un accionar de acuerdo al status de clase (el maestro de escuela, el conde, el barón, el mayordomo), la Naturaleza como utopía, todo el ideario del Romanticismo alemán que construyó una identidad. Semejante don de profecía, el poder de captar aspectos sutiles y fundamentales de un momento histórico y ponerlos en escena, lo suelen tener los artistas. Hay que escuchar más Lortzing.



 



domingo, 9 de marzo de 2014

Biedermeier

   Ya en la semana de los ensayos finales de la ópera cómica "El cazador del bosque" (Der Wildschütz) de Lortzing consigno unas impresiones del trabajo previo al estreno del 15 de marzo.

   - La acción de la ópera transcurre en 1842, fecha de su estreno. Así, las relaciones entre el Conde y su maestro de escuela, Baculus, son las de esa época, el período llamado Biedermeier, la pequeña burguesía del mediados del siglo XIX, el arte útil y la mentalidad sentimental y conservadora. Por esto el concepto del regisseur lleva a la acción a la década de 1950, un tiempo posguerra también muy conservador y burgués en Alemania, muy Biedermeier.

   - Llevamos trajes de esa época y la escenografía está montada sobre la plataforma giratoria del escenario, de modo que se forman dos caras: el afuera con sus enredaderas y flores y una semi - esfera muy resbaladiza. Del otro lado se encuentra el castillo del conde, donde sucede la acción del segundo y tercer actos.



   - Los perros en la pared muestran la dinastía de los colegas de caza del Conde, todos de altísimo pedigree. las citas al Davida representan al carácter mujeriego del dueño de casa y la afición de su espoa a la tragedia clásica, un guiño de Lortzing al furor por Grecia tan de moda en Leipzig en 1840.





    - En la música se reconoce a Beethoven en "Fidelio", a Carl Maria von Weber, al Wagner de las obras futuras, un estilo alemán de la vocalidad. Los chistes de los diálogos hablados pueden parecer tontos para el público de hoy (de hecho, el regisseur ha reescrito todos los parlamentos llenándolos de bromas sexuales), pero la música es de gran calidad. El efecto de ese humor ha perdido filo pero la construcción de la obra es muy sólida.

   Variemos el tono: me alegro mucho de pertenecer a esta producción. Sé que me me voy a divertir mucho cantando esta ópera en todas las funciones programadas.



jueves, 13 de febrero de 2014

Cuatro pequeñas adivinanzas y una tontería no escrita

   Voy a proponer al amable lector un pequeño juego de adivinanzas basado en las obras que haremos la temporada que viene. Se trata de adivinar los títulos en cuestión.

   1. Abriremos la temporada con una obra muy famosa. Como muchas de las óperas que luego se han vuelto bases del repertorio habitual, el estreno de este título no hizo adivinar lo popular que sería pocos años después. Hubo un elemento de extrañeza muy poderoso basado en el sitio donde se cantó por primera vez; digamos que los habitués esperaban risas y un argumento romántico y liviano, diálogos y colorido local, y se encontraron con una historia muy negra de pasión y de decadencia por amor.
   La trama habla de un triángulo no resuelto, dos extremos de representación de la imagen femenina, clases sociales claramente diferentes y opuestas, un dejarse abandonar hasta la locura y la muerte. Se habla del destino y, como en "Rigoletto", los sucesos parecen darle la razón a la profecía.
   Los roles principales son complejísimos en su psicología y muy difíciles de cantar. Es una obra maestra absoluta y una de mis favoritas.

   Estreno el 14.9.2014


   2.  La siguiente pertenece al llamado "género menor", un calificativo sumamente incapaz. Es una obra muy exigente, llena de pequeñas partes que representan distintas entidades sobrehumanas. Hay una ironía muy local, muchas citas al público culto de entonces y la burla a un mito fundacional de la civilización occidental; un mito que fue llevado a escena muchas veces. El compositor es un alemán judío que cambió de patria y que fue profeta en el extranjero. La música, por supuesto, es estupenda.

   Estreno el 8.11.2014


   3.  Esta ópera se estrenó cuatro años después que la mencionada en primer lugar. Sin embargo, la acción dramática de ambas transcurre con exactitud en el mismo año aunque las acciones respectivas tengan lugar en geografías completamente opuestas. Se cuenta, también, una o dos historias de amor no correspondido y la pérdida de la oportunidad de ser feliz. Por cuestiones de vanidad y celos se rompe una relación de años y esto acarrea una desgracia. Uno de los protagonistas tiene un aria gloriosa donde habla de su amor y acepta su destino. Ha sido una moda despreciar a este genial compositor, una mala costumbre ya perimida. Las autoridades de mi teatro aún no han decidido en cuál idioma la cantaremos.

   Estreno el 17.1.2015


   4. La tontería aún no escrita es un musical basado en la vida de Soraya, la primera esposa del Sha de Persia. No niego el interés del personaje en cuestión pero soy escéptico en cuanto a los resultados. El musical aún no tiene libreto y la música aún no ha sido compuesta. Nadie entiende la necesidad de este título en este teatro en este momento.

   Posible estreno el 21.3.2014


   5. La última ópera de la temporada es una especie de "retroceso" en la obra de su compositor. Una mirada al pasado pero con las armas de un autor de muchas obras maestras: quien, al final de su vida, escribe una música de gran virtuosismo. Hay momentos un poco secos pero la presunción de falta de "psicología" de los personajes es demasiado falsa como para tenerla en cuenta. Hay mucha pasión desbocada, muertes, traiciones, renuncias. No es una obra muy popular pero está ganando terreno en los últimos tiempos, se está representando con mayor asiduidad.

   Estreno el 6.6.2014




   Amable lector, tu turno.


  
  

lunes, 3 de febrero de 2014

Espectadores muertos, poca energía, aplauso atronador

   La función de la ópera "Rigoletto" del pasado sábado 1º de febrero (Abono de la localidad de Traben-Trarbach, venta de sobrantes de abono) tuvo el consenso, entre los cantantes solistas y el coro, de ser una representación sin energía, sin ganas, rutinaria.

   Al empezar la obra se cumplió con la escena, se hizo lo que había que hacer pero sin demasiada convicción. A eso parece haberse sumado una elección de velocidades desde la batuta que no ayudó a levantar la pasión profesional. Nos mirábamos entre nosotros asombrados por la lentitud de todo. Y el público aplaudió por primera vez al final del aria de Gilda, o sea, a casi una hora de haber comenzado la ópera. La frase favorita en estos casos fue susurrada: "Pobres, los espectadores se deben haber muerto luego de la obertura y por eso no aplauden".

   Luego del intervalo se notó un repunte de la emoción, propiciado por el aria del tenor "Ella mi fu rapita" que nuestro colega siempre canta con mucho sentimiento. Aún así, el colega barítono detrás del escenario, quien siempre anima a los espectadores empezando a batir palmas cuando el tenor canta la última nota, no consiguió contagiar al público. No hubo aplauso, se siguió con la escena.

   Luego del último, terrible, acorde de la orquesta, ya en fila, preparados para una salida rápida, un dejarse aplaudir un poquito y salir corriendo a desmaquillarse, fuimos sorprendidos por un furor de vítores y entusiasmos, un ramo de flores para la soprano, tres salidas de los solistas a saludar, gritos aprobatorios para el director. Evidentemente los espectadores no habían fallecido en masa y lo que nosotros, arriba del escenario, tuvimos por una función con poca presencia y energía hizo, paradójicamente, que todas las filas se pusieran de pie y no desearan abandonar la sala.

   Pasan los años, se adquiere más experiencia, se cree que las sorpresas van disminuyendo pero una representación apagada vuelve a demostrar que los cortocircuitos de comunicación que suelen haber entre artistas y público a veces juegan a nuestro favor. Y esto nos deja perplejos.
   

domingo, 26 de enero de 2014

Crónica del estreno de "The fly" (H. Shore)

  No me detendré, amable lector, a hablar de la música de esta ópera. Howard Shore hizo la banda sonora del film de Cronenberg de 1986 y, por encargo de Plácido Domingo quien la estrenó en París, compuso años después una obra para solistas, coro y orquesta más bien monótona. Que no se me acuse aquí de detestar otros lenguajes sonoros que excluyan el sistema tonal, pero que conste que esta ópera no me ha seducido. Es difícil, también, saber a veces si una obra contemporánea está mal escrita o está mal llevada desde la dirección musical. En nuestro caso apuesto por una distribución equitativa de las distintas catástrofes.



   El coro, salvo en dos o tres escenas, canta la voz del ordenador, la voz del telepod, la máquina de transporte que ocasiona la desgracia de Seth Brundle cuando este la utiliza consigo mismo y una maldita mosca se mete en el proceso. Esa parte coral no fue compuesta para que se cantase de memoria ya que texto y música se repiten pero con mínimas variaciones cada vez. De ahí las grandes discusiones de los coreutas en los ensayos musicales ("No podemos aprendernos esto de memoria", "Es una vergüenza", "Debemos resistir y protestar"), revueltas que perdieron su fuerza cuando el regisseur, más tarde, insistió en lo suyo y todos, salvo un servidor y su enorme enfado por la traición a la palabra dada en el grupo, bajaron la cabeza e hicieron lo que la Autoridad decía. No soy un héroe de nada ni nadie pero eso fue una decepción en toda la línea.

  


   O sea, en vez de cantar fuera de la escena, el coro debe estar presente todo el tiempo como parte de la máquina que lleva al científico a la caída. Para esto llevamos estos coquetos trajes que se ven en la foto de arriba mientras que leemos de nuestras hojas para cantar los componentes de los objetos teletransportados ("Carbono, hidrógeno, 3,4% grasa"), los textos difíciles de memorizar.


   Nuestra mezzo hace de Verónica, la periodista testigo del drama y amante de Brundle. Es, decididamente, la mejor. Frente a la falta de tiempo para aprenderse la parte con tranquilidad, la inepcia del director de orquesta y las exigencias del regisseur, su trabajo supera con creces la media de lo que nuestro teatro puede ofrecer en calidad. Eso lo intuye el espectador y lo honra con su aplauso al final de la obra.
   El tenor tiene una parte pequeña como el perdedor de una apuesta en un bar, en donde Brundle le destroza el brazo. Como dice M. es un placer verlo entrar a escena porque es otro cantante que sabe qué es lo que hace y conduce un personaje hasta el final, haciéndolo creíble.


   El barítono protagonista se ha volcado con mucha entrega al trabajo pero los resultados no me convencen. Es un problema de empatía personal; creo que parte de un lugar problemático al encarar un rol vocal y actoralmente. Canta con mucha tensión corporal, está muy fijado a un modo de emitir que es siempre fuerte, siempre con mucho volumen. Esto habla de una determinada técnica vocal producto de una mirada rígida sobre la cosa y, quizás, también una mirada similar sobre la vida. Yo no le creo cuando lo veo en un rol pero lo respeto porque sé que es un profesional y que, en su medida, hace lo que cree que está bien, lo que puede. Como todos nosotros.

Verónica y Seth.

    Un crítico se ha preguntado en su nota sobre el estreno: ¿por qué poner en la temporada un título tan insípido como este? La respuesta es banal y terrible: porque es el título que el presupuesto del teatro puede sostener. Se barajaron obras de Prokoviev y Schoshtakovitch, por ejemplo, pero los refuerzos de orquesta o los solistas que se hubiesen debido contratar para "Lady Macbeth del distrito de Mtsensk" o "El amor por tres naranjas" habrían dejado las arcas vacías para el resto de las producciones hasta el fin de la temporada. Así, se ha elegido "The fly", una ópera que no tuvo ningún éxito, ni en París ni en Los Ángeles, un título que nadie quiere rescatar, una ocasión para recibir un fax lleno de agradecimiento (uno intuye lágrimas) por parte del compositor, una ocasión más de desinterés y tedio de nuestra parte y del público.