jueves, 16 de octubre de 2014

Ruido y privación de can can

   Comenzamos con los ensayos de la estupenda opereta "Orfeo en los infiernos" de Offenbach. El regisseur es cantante de musicales y, creo, es la primera vez que trabaja con un coro. Esto se nota un poco en la disciplina del ensayo; parece que no quiere imponerse de modo que las 50 personas encerradas en una sala demasiado pequeña y con poco oxígeno conversen menos, hagan menos ruido cada vez que el piano deja de sonar para realizar una corrección.

   Las coreografías no son difíciles y nuestro ensamble de ballet participa de la producción. Por supuesto, el famosísimo "can-can" está a su cargo porque el coro y los solistas no podemos movernos demasiado sin perjucio del canto ya que el can can tiene un texto que decir y unos saltos melódicos bastante peliagudos. Dejamos los battements y los grand écarts para los profesionales, los bailarines. Una pena porque es un baile que me encanta y me enorgullezco de poder levantar bastante la pierna.


martes, 30 de septiembre de 2014

Crónica del estreno de "Carmen" (G. Bizet)

   Empezando la temporada 2014 - 2015 estrenamos el 14 de septiembre una de mis óperas favoritas. Es que a "Carmen" no hay con qué darle, como se suele decir, no tiene un solo momento poco inspirado o puesto de relleno, para cumplir. Está todo allí donde debe estar y, suscribiendo a la famosa frase, nunca termina de contarnos lo que tiene para decir.

   De allí que cantar esta ópera o hacer una puesta de ella es siempre un desafío importante. Sea para el rol titular o los coprimarios, el coro o la orquesta. Y, por supuesto, para el regisseur.

   Nuestra producción renuncia a la Sevilla de 1820 para situar la acción en el ámbito deportivo de un estadio de fútbol. Así, Escamillo no es un torero sino el máximo goleador, la estrella, Don José trabaja en la seguridad del estadio y Carmen es una groupie.



La fleur.
  
    El amable lector ya sabe que no seré yo quien censure una regie porque traslade la acción de una ópera a un ámbito distinto al original. Pero, como en todo, se necesitan talento y oficio para que la travesía por tierras exóticas llegue a buen puerto. Y este no es el caso.

    La puesta en escena comienza con cierta enjundia. Es una tribuna y el coro festeja los goles, las cigarreras son groupies del club, yo soy el juez de línea que corre y atropella dos veces a Micaela, una dama de la alta sociedad vasca. Hay una mascota del club de fútbol, un oso de piel lila y de allí sale Carmen para cantar las primeras líneas de su rol. ¿Quién es, entonces, esa mujer despampanante a su lado, vestida de encaje negro, con abanico desplegado, larga melena morena y un clavel? Nada menos que una copia de Conchita Wurst. El abanico cae descubriendo su rostro y el gag es muy celebrado por el público. A partir de esto, la acción dramática de la famosa "Habanera" consiste en el flirt más o menos explícito de Carmen con su doble trasvestido.


Obertura.

   A partir de allí se intenta desde el concepto hacer caber el ámbito futbolístico en el marco de la acción de la ópera. El problema no son los ancronismos evidentes sino, como señaló la crítica del pasquín local, la banalización del conficto entre Don José y Carmen. El concepto de la puesta en escena muestra a un muchacho que está celoso porque su novia no se decide si quiere estar con él o si prefiere que la corteje un chico famoso. Ella se harta de tanto control y se aleja. Él vuelve a buscarla, la interpela, ella lo rechaza por última vez, él la mata. Los celos son malos consejeros, ay, lo que hace la pasión amorosa, estos españoles, vaya, qué fogosos, etc. No necesito explicarle al amable lector que la ópera "Carmen", la obra maestra de Georges Bizet, habla sobre un par de cuestiones bastante menos fútiles. No hay tragedia porque el regisseur no supo verla.


Principio del acto segundo.

   En la noche del estreno hubo varios abucheos para el puestista. El desacuerdo del público con lo que ha visto deja en las sombras los desacuerdos sonoros, los oculta. Así, se critica la tontería de la puesta pero se ensalza un trabajo desde el atril que poco suena a ópera francesa. Todo demasiado fuerte, inflexible y lleno de imprecisiones rítmicas.


"En route il faut partir". Y todos somos árbitros en la pesadilla de Don José.

   Por supuesto que los solistas dan lo mejor de sí y esto es lo que nuestro público toma en consideración. Salvo en un par de roles secundarios el nivel es bastante parejo y el coro impresiona por su alegría para actuar. Debo decir que a mí me encanta hacer la función pese a las dificultades y tonterías. Hay fragmentos - como el final con el coro detrás de escena - que no han salido como debieran y no parece que se puedan corregir en el futuro.

"Podéis arrestarme. Yo la he matado. Mi Carmen adorada"


   

viernes, 1 de agosto de 2014

Crónica del estreno de "Orfeo e Eurídice" (W. Gluck) y audiciones.

   Habiendo ya cantado todas las funciones de la ópera de Gluck, consigno para el amable lector el recuerdo del tiempo de ensayos y representaciones del título en cuestión.



   La obra presupone un ballet (del mismo modo que presupone un coro, tres solistas y una orquesta con su clave) y se convocó a una coreógrafa como regisseurin. La señora B. ya había trabajado con nosotros en otras tres oportunidades; en "La Traviata", "Los cuentos de Hoffmann" y en "The voyage". Sabíamos que es del tipo de directores de escena que prueban muchísimo buscando la exactitud, pero que pueden correr el peligro de perder los límites ensayando las cosas hasta el punto de su destrucción. También sabíamos que en la función el espectador puede no entender todo lo que ve pero intuye que hay una coherencia subterránea que da unidad a la puesta. O sea, trabajar mucho antes del estreno pero confiar en que el resultado será siempre satisfactorio, tanto para quienes estamos arriba del escenario como para el público.



   La escenografía fue armada a partir de carros enormes con paneles que se abren y se cierran y que permiten ser atravesados como en la foto de arriba. Esos carros se desplazaban armando los espacios.





   El concepto de la regie se basa en que Orfeo recuerda a Euridice luego de muerta y que la historia del rescate es solo una alucinación, un sueño, provocado por su pérdida. El coro y el ballet toma la figura de los sufrientes primero y, luego, de las Furias en el Reino de los Muertos.



   Amor viene a dar el final feliz, devuelve Euridice a su amado, pero Orfeo no la recupera porque todo ha sido un sueño.



Al final, queda Orfeo en su mesa de desayuno extrañando a Euridice.


   No hemos tenido un éxito de público que haya provocado batallas campales frente a la boletería del teatro pero los que han venido a ver la obra, nos han obsequiado siempre con un gran aplauso poníendose de pie. Incluso, cuando hemos hecho la ópera al aire libre en un palacio barroco. Poco quedó de la puesta original porque no fue posible trasladar la escenografía al patio del palacio, pero la acústica fue magnífica.



   En otro orden de cosas, me he presentado a dos audiciones para trabajar en sendos teatros. En primer lugar, en Berna, Suiza. Tuve que cantar en la sala. Nunca contestaron lo que les pareció mi canto, pero la mera publicación del aviso buscando tenores después de mi presentación ante ellos, me dió la pauta de que ya me habían descartado. Canté Arlecchino (¿elección equivocada?) y Ferrando.


Teatrino para la representación de "Ariadna en Naxos" de Strauss.


   Tiempo después volví a Bremen, mi primera ciudad alemana, a cantar para el teatro. Fue un reencuentro luego de 16 años muy lleno de recuerdos. Recién llegado desde Buenos Aires con mi beca, estudiando alemán, rodeado de alumnos que venían de todo el mundo, nos la pasábamos de fiestas, visitando museos, comiendo, era verano; en suma, yo fui muy feliz esos cuatro meses.


"Prohibido de 20 a 8 usar armas y objetos peligrosos"....

Había que hacer la foto de rigor.

Böttcherstrasse

"Todos los días, de 17 a 20, cerveza por un euro. Solo aquí"
Municipalidad.





Alojamiento en casa privada.

Teatro.

Sala del coro.

   Fueron muy amables y la pianista, muy profesional. Me dejaron cantar mis dos arias (Tamino y Don Ottavio), tuvieron una conversación conmigo y me desearon suerte para todos los partidos que jugase Argentina en el Mundial de Fútbol, como si eso me interesara. Por supuesto, dije que detestaba el fútbol y que me importaba un pito quien ganase o perdiese el campeonato. No sé si con esto me gané mucha simpatía entre el públco.

   Lo que sí sé es que debí llamar a la oficina de administración del teatro cuatro semanas después para saber acerca de los resultados de mi audición. Me comentarion que el director del coro había decidido tomar otro tenor. No me quedé muy decepcionado porque lo intuía. Ahora, en las vacaciones, se trata de pensar otra dirección para mi carrera artística, una que me dé más placer y juego. Se trata de barajar y dar de nuevo.

miércoles, 2 de abril de 2014

Crónica del estreno de "El cazador del bosque" (A. Lortzing)

   Como el amable lector recordará, la acción de la obra se ha trasladado del período Biedermeier alemán a la década de 1950, una época también muy burguesa y muy conservadora, el Plan Marshall y la desnazificación como deber.


    La media esfera que se ve en la foto es muy resbaladiza, una parte del concepto del regisseur: ver a sus figuras haciendo equilibrio cada vez que intentan llegar a la cima y deslizarse cuando se dejan caer obliga a los cantantes a tomar una actitud corporal que debería decir mucho sobre los personajes y sus sentimientos mutuos. No sé si esto funciona con la intensidad que se deseaba pero puedo asegurar que estar de pie allí o sentarse requiere un buen trabajo de piernas y calzado amable que colaboren con tales fines. En el final del acto primero debo estar sentado y mi colega Lorenzo juega a empujarme para que resbale hacia el suelo. "Si me caigo de la esfera te arrastro conmigo y rodamos hasta el foso de la orquesta" le digo y nos reimos mucho perdiéndonos las entradas del coro. 


   La historia trata de hermanos que no se ven desde hace años y no se reconocen y están de incógnito. En otro plano, el maestro de escuela del pueblo, Báculus, ha disparado a un ciervo en los dominios del conde de Eberbach y este lo pesca in flagranti. Por esto el maestro se queda sin su trabajo y trata de pedir piedad a su señor enviando a su prometida, Gretchen. El argumento completo se puede leer en la frecuentada Enciclopedia Británica, versión que reina en estos tiempos perezosos.

  
Acto II.

   M. sostiene que la obra posee una bonita música y poco más. Yo escucho en ella toda la tradición alemana del género, un pre Wagner, un poco del "Fidelio", bastante von Weber; todo pasasdo por el filtro de la comedia: nada es tan serio como en "El holandés errante" o las peripecias de una chica travestida e intrépida a que le ponen los calabozos. Es una ópera correcta, hecha por un profesional, con momentos estupendos, pero que no despierta amor irrefrenable por su música. Evito la molesta comparación con objetos más cercanos en el tiempo que han sido llamados, perezosamente, "música" y que no poseen el efecto del final del primer acto o del "Quinteto del billar" de la obra de Lorzting (quién, a la sazón, era actor profesional hijo de actores; conocía muy bien el lenguaje del escenario).

   O sea: "El cazador del bosque" no será una obra señera en la Historia de la Ópera pero es mucho mejor que lo que las nuevas generaciones suelen opinar al respecto (Lorzting ha pasado de moda en los países de habla alemana); es diversión a un gran nivel y con una música de muy alta calidad. Y tanto por la tradición musical que celebra como por la sociedad que describe da en el centro de la mentalidad alemana, cuyos rasgos más constitutivos se dejan sentir hasta el día de hoy. Hablo del amor y el respeto por las jerarquías - gesto tan prusiano -  un accionar de acuerdo al status de clase (el maestro de escuela, el conde, el barón, el mayordomo), la Naturaleza como utopía, todo el ideario del Romanticismo alemán que construyó una identidad. Semejante don de profecía, el poder de captar aspectos sutiles y fundamentales de un momento histórico y ponerlos en escena, lo suelen tener los artistas. Hay que escuchar más Lortzing.



 



domingo, 9 de marzo de 2014

Biedermeier

   Ya en la semana de los ensayos finales de la ópera cómica "El cazador del bosque" (Der Wildschütz) de Lortzing consigno unas impresiones del trabajo previo al estreno del 15 de marzo.

   - La acción de la ópera transcurre en 1842, fecha de su estreno. Así, las relaciones entre el Conde y su maestro de escuela, Baculus, son las de esa época, el período llamado Biedermeier, la pequeña burguesía del mediados del siglo XIX, el arte útil y la mentalidad sentimental y conservadora. Por esto el concepto del regisseur lleva a la acción a la década de 1950, un tiempo posguerra también muy conservador y burgués en Alemania, muy Biedermeier.

   - Llevamos trajes de esa época y la escenografía está montada sobre la plataforma giratoria del escenario, de modo que se forman dos caras: el afuera con sus enredaderas y flores y una semi - esfera muy resbaladiza. Del otro lado se encuentra el castillo del conde, donde sucede la acción del segundo y tercer actos.



   - Los perros en la pared muestran la dinastía de los colegas de caza del Conde, todos de altísimo pedigree. las citas al Davida representan al carácter mujeriego del dueño de casa y la afición de su espoa a la tragedia clásica, un guiño de Lortzing al furor por Grecia tan de moda en Leipzig en 1840.





    - En la música se reconoce a Beethoven en "Fidelio", a Carl Maria von Weber, al Wagner de las obras futuras, un estilo alemán de la vocalidad. Los chistes de los diálogos hablados pueden parecer tontos para el público de hoy (de hecho, el regisseur ha reescrito todos los parlamentos llenándolos de bromas sexuales), pero la música es de gran calidad. El efecto de ese humor ha perdido filo pero la construcción de la obra es muy sólida.

   Variemos el tono: me alegro mucho de pertenecer a esta producción. Sé que me me voy a divertir mucho cantando esta ópera en todas las funciones programadas.