miércoles, 26 de noviembre de 2014

Crónica del estreno de "Orfeo en los Infiernos" (J. Offenbach)

   Invirtamos el orden, amable lector; mencionemos la conclusión en primer lugar: nuestra producción es un espectáculo mediocre de una opereta estupenda que al público le ha gustado en parte y la crítica ha acogido con benevolencia. Sea; trabajamos para que la gente de la región nos venga a ver y pase un rato agradable y si les gusta no vale la pena mencionar el tiempo (muy perdido) de los ensayos o las supineces de la puesta en escena.

   El regisseur trabajaba por primera vez en una obra clásica (así lo admitió), con voces líricas y orquesta, su coro y su ballet. Procediendo del musical y el varieté, fue llamado a hacer la puesta de esta opereta porque ya había cantado en nuestro escenario imitando a Falco en un espectáculo de la temporada pasada y a la dirección del teatro le pareció una buena idea convocarlo. Ya desde el primer ensayo nos dimos cuenta de que la tarea le quedaba demasiado grande.

Dioses y diosas en cuadro formal.

  Su inexperiencia fue enfadando a todo el equipo de modo paulatino. Las indicaciones que nos daba eran muy imprecisas ("Ahora hay que moverse porque el cuadro está muy estático. Muévanse") o, en otros casos, destrozaban el equilibrio sonoro de los números musicales haciendo entrar a escena de modo paulatino al coro cuando se necesitaba sonido imponente, sólido, el producido por todo el coro con los solistas cantando al mismo tiempo en el mismo sitio.

   El amable lector inferirá que existe un responsable musical de la obra, el director de orquesta, quien sería el encargado de velar por la parte del asunto que corresponde a Offenbach. Aquel debiera ser quien le imponga límites a la ignorancia del regisseur. Sin embargo, nuestro director no dijo una sola palabra que sirviera para resolver los problemas; por lo menos ninguna que hayamos precibido, nerviosos y frustrados, desde el escenario. A la situación "Coro oculto - sonido débil" solo opuso un silencio atronador. Nosotros mirábamos a nuestro alrededor para ver quién de los responsables tomaba la posta haciéndose cargo de la situación (poner un micrófono en bambalinas para que se oiga al coro oculto o disuadir al regisseur de su idea antimusical y antiescénica), pero nadie nos dió una respuesta. En ningún momento y para casi ninguno de los graves problemas.


   Así, perdimos todo respeto por el regisseur y el director de orquesta pero lo guardamos para la obra. Cantamos la partitura, hicimos la "puesta" pero con la conciencia de que toda la producción de "Orfeo en los Infiernos" estaba ya destinada a la peor inopia. Da lo mismo que se frasee el estilo francés de la opereta con la gracia de una manada de tapires en celo, que se griten los fragmentos agudos, que no haya matices ni dinámica, que los diálogos sean dichos pero no intepretados, que el escenario sea demasiado pequeño para las coreografías. Capitulamos porque no podíamos hacer nada más que cantar y movernos.

  Mi pequeña venganza consistió en ignorar toda indicación del director de orquesta (salvo en indicaciones de velocidad, de tempo) y burlarme de toda indicación del regisseur. Si este pedía: "Ahora nos sentimos ligeramente irritados por la situación" yo me mesaba con furor los cabellos y abría la boca como una hydra mientras daba saltitos exclamando una "ah". Como de costumbre en la falta estuvo mi castigo: al regisseur le fascinó mi tomadura de pelo y ahora debo mesarme los cabellos, dar saltitos y exclamar las doce funciones de la opereta que nos faltan.

El infierno de Plutón

    Una pena por el estupendo vestuario y por la escenografía muy funcional pese a la estrechez para realizar las coreografías. Se trasladó a la época de fines del siglo XIX rescatando el clasicismo de las columnas y edificios de París. También, en los peinados de las damas y el traje de Júpiter.

Mercurio y Júpiter.



   Como en otras ocasiones recomiendo con pasión al amable lector la escucha de esta opereta y, de ser posible, su visionado. Es una obra que merecía que se resguardara de su maltrato trierense.

jueves, 16 de octubre de 2014

Ruido y privación de can can


Comenzamos con los ensayos de la estupenda opereta "Orfeo en los infiernos" de Offenbach. El regisseur es cantante de musicales y, creo, es la primera vez que trabaja con un coro. Esto se nota un poco en la disciplina del ensayo; parece que no quiere imponerse de modo que las 50 personas encerradas en una sala demasiado pequeña y con poco oxígeno conversen menos, hagan menos ruido cada vez que el piano deja de sonar para realizar una corrección.

   Las coreografías no son difíciles y nuestro ensamble de ballet participa de la producción. Por supuesto, el famosísimo "can-can" está a su cargo porque el coro y los solistas no podemos movernos demasiado sin perjucio del canto ya que el can can tiene un texto que decir y unos saltos melódicos bastante peliagudos. Dejamos los battements y los grand écarts para los profesionales, los bailarines. Una pena porque es un baile que me encanta y me enorgullezco de poder levantar bastante la pierna.


martes, 30 de septiembre de 2014

Crónica del estreno de "Carmen" (G. Bizet)

   Empezando la temporada 2014 - 2015 estrenamos el 14 de septiembre una de mis óperas favoritas. Es que a "Carmen" no hay con qué darle, como se suele decir, no tiene un solo momento poco inspirado o puesto de relleno, para cumplir. Está todo allí donde debe estar y, suscribiendo a la famosa frase, nunca termina de contarnos lo que tiene para decir.

   De allí que cantar esta ópera o hacer una puesta de ella es siempre un desafío importante. Sea para el rol titular o los coprimarios, el coro o la orquesta. Y, por supuesto, para el regisseur.

   Nuestra producción renuncia a la Sevilla de 1820 para situar la acción en el ámbito deportivo de un estadio de fútbol. Así, Escamillo no es un torero sino el máximo goleador, la estrella, Don José trabaja en la seguridad del estadio y Carmen es una groupie.



La fleur.
  
    El amable lector ya sabe que no seré yo quien censure una regie porque traslade la acción de una ópera a un ámbito distinto al original. Pero, como en todo, se necesitan talento y oficio para que la travesía por tierras exóticas llegue a buen puerto. Y este no es el caso.

    La puesta en escena comienza con cierta enjundia. Es una tribuna y el coro festeja los goles, las cigarreras son groupies del club, yo soy el juez de línea que corre y atropella dos veces a Micaela, una dama de la alta sociedad vasca. Hay una mascota del club de fútbol, un oso de piel lila y de allí sale Carmen para cantar las primeras líneas de su rol. ¿Quién es, entonces, esa mujer despampanante a su lado, vestida de encaje negro, con abanico desplegado, larga melena morena y un clavel? Nada menos que una copia de Conchita Wurst. El abanico cae descubriendo su rostro y el gag es muy celebrado por el público. A partir de esto, la acción dramática de la famosa "Habanera" consiste en el flirt más o menos explícito de Carmen con su doble trasvestido.


Obertura.

   A partir de allí se intenta desde el concepto hacer caber el ámbito futbolístico en el marco de la acción de la ópera. El problema no son los ancronismos evidentes sino, como señaló la crítica del pasquín local, la banalización del conficto entre Don José y Carmen. El concepto de la puesta en escena muestra a un muchacho que está celoso porque su novia no se decide si quiere estar con él o si prefiere que la corteje un chico famoso. Ella se harta de tanto control y se aleja. Él vuelve a buscarla, la interpela, ella lo rechaza por última vez, él la mata. Los celos son malos consejeros, ay, lo que hace la pasión amorosa, estos españoles, vaya, qué fogosos, etc. No necesito explicarle al amable lector que la ópera "Carmen", la obra maestra de Georges Bizet, habla sobre un par de cuestiones bastante menos fútiles. No hay tragedia porque el regisseur no supo verla.


Principio del acto segundo.

   En la noche del estreno hubo varios abucheos para el puestista. El desacuerdo del público con lo que ha visto deja en las sombras los desacuerdos sonoros, los oculta. Así, se critica la tontería de la puesta pero se ensalza un trabajo desde el atril que poco suena a ópera francesa. Todo demasiado fuerte, inflexible y lleno de imprecisiones rítmicas.


"En route il faut partir". Y todos somos árbitros en la pesadilla de Don José.

   Por supuesto que los solistas dan lo mejor de sí y esto es lo que nuestro público toma en consideración. Salvo en un par de roles secundarios el nivel es bastante parejo y el coro impresiona por su alegría para actuar. Debo decir que a mí me encanta hacer la función pese a las dificultades y tonterías. Hay fragmentos - como el final con el coro detrás de escena - que no han salido como debieran y no parece que se puedan corregir en el futuro.

"Podéis arrestarme. Yo la he matado. Mi Carmen adorada"


   

viernes, 1 de agosto de 2014

Crónica del estreno de "Orfeo e Eurídice" (W. Gluck) y audiciones.

   Habiendo ya cantado todas las funciones de la ópera de Gluck, consigno para el amable lector el recuerdo del tiempo de ensayos y representaciones del título en cuestión.



   La obra presupone un ballet (del mismo modo que presupone un coro, tres solistas y una orquesta con su clave) y se convocó a una coreógrafa como regisseurin. La señora B. ya había trabajado con nosotros en otras tres oportunidades; en "La Traviata", "Los cuentos de Hoffmann" y en "The voyage". Sabíamos que es del tipo de directores de escena que prueban muchísimo buscando la exactitud, pero que pueden correr el peligro de perder los límites ensayando las cosas hasta el punto de su destrucción. También sabíamos que en la función el espectador puede no entender todo lo que ve pero intuye que hay una coherencia subterránea que da unidad a la puesta. O sea, trabajar mucho antes del estreno pero confiar en que el resultado será siempre satisfactorio, tanto para quienes estamos arriba del escenario como para el público.



   La escenografía fue armada a partir de carros enormes con paneles que se abren y se cierran y que permiten ser atravesados como en la foto de arriba. Esos carros se desplazaban armando los espacios.





   El concepto de la regie se basa en que Orfeo recuerda a Euridice luego de muerta y que la historia del rescate es solo una alucinación, un sueño, provocado por su pérdida. El coro y el ballet toma la figura de los sufrientes primero y, luego, de las Furias en el Reino de los Muertos.



   Amor viene a dar el final feliz, devuelve Euridice a su amado, pero Orfeo no la recupera porque todo ha sido un sueño.



Al final, queda Orfeo en su mesa de desayuno extrañando a Euridice.


   No hemos tenido un éxito de público que haya provocado batallas campales frente a la boletería del teatro pero los que han venido a ver la obra, nos han obsequiado siempre con un gran aplauso poníendose de pie. Incluso, cuando hemos hecho la ópera al aire libre en un palacio barroco. Poco quedó de la puesta original porque no fue posible trasladar la escenografía al patio del palacio, pero la acústica fue magnífica.



   En otro orden de cosas, me he presentado a dos audiciones para trabajar en sendos teatros. En primer lugar, en Berna, Suiza. Tuve que cantar en la sala. Nunca contestaron lo que les pareció mi canto, pero la mera publicación del aviso buscando tenores después de mi presentación ante ellos, me dió la pauta de que ya me habían descartado. Canté Arlecchino (¿elección equivocada?) y Ferrando.


Teatrino para la representación de "Ariadna en Naxos" de Strauss.


   Tiempo después volví a Bremen, mi primera ciudad alemana, a cantar para el teatro. Fue un reencuentro luego de 16 años muy lleno de recuerdos. Recién llegado desde Buenos Aires con mi beca, estudiando alemán, rodeado de alumnos que venían de todo el mundo, nos la pasábamos de fiestas, visitando museos, comiendo, era verano; en suma, yo fui muy feliz esos cuatro meses.


"Prohibido de 20 a 8 usar armas y objetos peligrosos"....

Había que hacer la foto de rigor.

Böttcherstrasse

"Todos los días, de 17 a 20, cerveza por un euro. Solo aquí"
Municipalidad.





Alojamiento en casa privada.

Teatro.

Sala del coro.

   Fueron muy amables y la pianista, muy profesional. Me dejaron cantar mis dos arias (Tamino y Don Ottavio), tuvieron una conversación conmigo y me desearon suerte para todos los partidos que jugase Argentina en el Mundial de Fútbol, como si eso me interesara. Por supuesto, dije que detestaba el fútbol y que me importaba un pito quien ganase o perdiese el campeonato. No sé si con esto me gané mucha simpatía entre el públco.

   Lo que sí sé es que debí llamar a la oficina de administración del teatro cuatro semanas después para saber acerca de los resultados de mi audición. Me comentarion que el director del coro había decidido tomar otro tenor. No me quedé muy decepcionado porque lo intuía. Ahora, en las vacaciones, se trata de pensar otra dirección para mi carrera artística, una que me dé más placer y juego. Se trata de barajar y dar de nuevo.