Espero que el amable lector no haya de malentenderme: está muy bien que nuestra producción de esta ópera de Puccini haya gustado tanto, en tiempos donde la inteligencia y generosidad de los estupendos políticos vuelve a poner sobre la mesa de discusión la "plausiblidad" de instituciones culturales subvencionadas por el Estado. No se trata de estar en contra de la discusión pero la nulidad de argumentos y la ideología detrás de los análisis ya aburriría si no indignara tanto.
Sin embargo, tengo que ser fiel a lo que percibo y puedo juzgar: en el ensayo general ví la puesta en escena de los cuadros en los que no estoy en el escenario y debo decir que fueron de un aburrimiento soberano. Me pregunté por qué. Sí, la orquesta estaba demasiado fuerte, tapaba a casi todas las voces graves del ensamble, nada demasiado nuevo. También me faltaba ese fraseo pucciniano, esos rubatos, ese acelerar y retardar que constituyen su estilo junto con sus melodias, instrumentaciones y armonìas. Aquí se encontraba uno de los problemas.
Por otro lado, la puesta tenía cosas extrañas pese a la reproducción de época "fiel". Luego del estreno, F. me confesó que le dieron ataques de risa en una escena. ¿Ataques de risa en "La Boheme", golpes en las piernas con las manos, espasmos? "Sí, en el primer cuadro" me contestó, "Mimí acaba de entrar a la buhardilla, tiene un ataque de tos, se desploma en el suelo y se desmaya. ¿Qué hace Rodolfo? La mira caerse y no se mueve en su auxilio, sigue diciendo cosas sobre el amor y lo bella que es mientras que Mimi permanece inconsciente por lo menos cinco minutos hasta que corre a levantarla...qué galante...yo no lo podía creer, la señora que estaba a mi lado también se ha reido mucho".
Tampoco noté gracia alguna en esos estudiantes que se burlan del viejo dueño del apartamento (cantado por un colega de aspecto demasiado juvenil) y que juegan a la esgrima o hacen bromas sobre su condición. Ví gestos cansados, movimientos producto de la obediencia al regisseur y no de un tránsito emotivo y dramatúrgico, movimientos sin un "por qué", ví desatenciones a la situación dramática (hace frío en las puertas de la ciudad, es madrugada y Mimí se arroja - nuevamente - al suelo para caer sobre un lienzo pintado donde Rodolfo la besará al final del cuarteto. Antes, el tenor se limpiará en la nieve las manos llenas de sangre de los esputos de la protagonista).
Entra dentro de esta lógica, oh paradoja, que las instrucciones para el movimiento del coro en el segundo cuadro hayan sido sumamente precisas. Cada coreuta tenía una tarea especìfica por sí mismo o en grupo, unos movimientos y una actitud determinados. Como actor es este tipo de justeza en la regie lo que más divierte y da placer de llevar a cabo durante la función, pero para el espectador puede traer el peligro de la falta de foco de atención. "Uno no sabía dónde mirar porque era demasiado a la vez, mucha gente en poco espacio y muchas acciones al mismo tiempo... además de los solitas que tenían sus acciones y, a veces, eran tapados por el coro, visual y acústicamente" señaló F..
Mi colega Lorenzo fue Parpignol, el vendedor de juguetes, y una especie de Oskar Matzerath que recorría los tres primeros cuadros salvo en el último, donde dejaba colgado su tambor en una esquina de la buhardilla de Rodolfo y Marcelo como símbolo de la Muerte.
Yo soy un carterista que robo un bolso a una gran dama y la billetera a un paseante. F. solo vió una de esas dos acciones pese a mis esfuerzos y a mis corridas por el escenario lleno de cantantes. Maldición.
Por supuesto que el final es lo suficientemente emotivo como para hacer saltar las lágrimas a todo espectador. Además, las dos chicas lo cantaron y actuaron muy bien, quizás habiendo entendido los respectivos roles mejor que el regisseur. Al tenor le reprocho cuestiones técnicas en los agudos que todos esperamos escuchar gloriosos en el rol de Rodolfo.
| Mimí, en traje rojo antes de morir. |
He escuchado que el barítono que hizo Marcelo apenas habría cantado durante los ensayos finales dando mucha inseguridad a los colegas con quien compartía dúos y cuartetos. Quizás esa sea la razón de que no pueda juzgar su desempeño en el estreno porque en el ensayo general me pareció lo que los alemanes llaman "pálido", sin brillo, la mala cara de "correcto".
Luego de los aplausos los espectadores salieron jubilosos de la sala: los aguardaban litros de cerveza gratuita donada por uno de los patrocinadores del teatro.
Sin olvidar, claro está, el "ritual de la escalera". Este consiste en aplaudir a los solistas que vienen desde el vestuario de artistas al hall del teatro y son aplaudidos por el público ansioso de verlos. He aquí un video de nuestro tenor cumpliendo el ritual:
Luego de agotar las existencias de lúpulo nos fuimos a una vinoteca, a otro bar y recalamos, al fin en la casa del tenor. Ya se me caían las lentes de contacto de los ojos cuando nos fuimos a la cama. Lo último que tomé esa noche fue té verde.


7 comentarios:
Cosillas...
Me gusta lo de que los cantantes se mezclen con el público al final.
El apelotonamiento de gente en las calles de París es debido a que el escenario no parece muy grande, ¿no?
Estás muy gracioso de carterista, me recuerdas a un personaje de esos de zarzuela española: el que vende barquillos o algo así.
Lo del tenor de esta ópera es que tiene dos o tres "cositas" de las que todos tenemos en el recuerdo cantadas por Pavarotti y que son dificilmente superables...
Y qué música!... es que me pone... ains! que lloro...
Peritoni: el escenario en sí es grande, lo que sucede es que para poder girar del primero al segundo cuadro (de la buhardilla a la calle) se arma la escenografía sobre el disco del escenario y esto hace que el espacio para estar - antes del foso de la orquesta - sea menor de lo habitual.
Es música de llorar aunque no sea una producción impecable....igual que "Butterfly".
¡Te ves bien como carterista! Jaja..
Bueno, ten en cuenta que tú desde dentro te percatas de detalles de los que la mayor parte del público no se da ni cuenta..
Un abrazo
Justo: gracias, fue más bien idea del regisseur.
Sufur : ¡No me aparece aquí tu comentario!
Cleptómano y a mucha honra, vea.
O sea que el público os aplaudió mucho pero tú no aplaudirías al público.
Siempre he oído que mezclar bebidas no es muy aconsejable así que primero cerveza y después vino no parece muy buena idea, ahora que el efecto de añadir té verde no sé que efectos porducirá.
AdMiles: te aseguro que el te verde permitió que pudiera ir a la cama sin sobresaltos. Por fortuna la casa del tenor está a cinco minutos de la mía.
Pese a lo que digo en la crónica, la producción de "Boheme" está bastante bien. El público debería dejar de ver basura y venirse a una función.
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