Ya estamos en los ensayos finales de "La Boheme", una de las óperas más populares de Puccini. Estrenamos el sábado 28 de enero con una puesta de las llamadas "tradicionales" con sus trajes de mediados del siglo XIX, su café "Momus" y su buhardilla. El escenario giratorio permite el cambio de la casa de Rodolfo y Marcelo a la calle del segundo cuadro, el cuadro en donde aparece el coro.
Allí soy un ladrón entre la multitud. Recién en el primer ensayo con vestuario pudo el regisseur señalarme a quién hurtar: una dama fina y un pasante son mis víctimas. A la primera le sustraigo el bolso de mano, al otro lo aligero de una billetera siempre y cuando el colega del coro de refuerzo recuerde llevarla consigo al salir a escena. Todo esto requiere de un timming para que el delito ocurra en proscenio, lo más claramente posible para el espectador. En cuanto arrebato un objeto salgo corriendo y me escabullo entre la multitud. Espero no arrojar al foso de la orquesta a ningún coreuta en mi ímpetu.
Lo que no suena muy pucciniana es la orquesta. No estoy muy de acuerdo con algunos tempos tomados y el modo de frasear, me falta ese rubato tan característico del compositor. Demasiado poco italiano me suena todo.
Queda como un problema el pequeño solo "Voglio la tromba, il cavallin", que es cantado por un integrante del coro de niños. Toda la acción escénica se interrumpe para que el púber, muerto de miedo, se coloque de cara al público, mire al director de orquesta y entone los tres sonidos necesarios. Se nota demasiado la carencia. Tampoco me gusta la entrada de Parpignol, el vendedor de juguetes. En cuanto entra con el coro de niños, estos se colocan en grupo coral, mirando de frente y haciendo pequeños movimientos de marcha mientras cantan. Un espanto, ataque de bostezos.
Veremos, pero que no se diga que una puesta de época o "tradicional" conlleva necesariamente un buen trabajo escénico, que pueda contar la historia por el sólo hecho de que las damas lleven trajes de cola y sombreros altos.
Ya ensayamos el aplauso final. Le entrego una pregunta al amable lector que conozca la ópera: ¿cuál es el último de los solistas que, a criterio del amable lector, debería salir a saludar? (recordemos que la importancia de un rol es directamente proporcional a su aparición para cosechar el aplauso, cuanto más importante, más demora su presencia).

7 comentarios:
Parece obvio que Mimí, ¿no? es una de los dos protagonistas y es mujer.
¿O tiene trampa tu pregunta?
Ay, qué peligro la orquesta sonando en plan teutón...
Peritoni: no, la pregunta no tiene trampa. Pero no veo la razón del porque Mimí ha de ser la última. ¿Porque muere? (¡SPOILER!). Rodolfo tiene mucho más que cantar que ella, llegado el caso. (Cuanto más se canta, último se saluda, también).
En nuestro aplauso, efectivamente, sale ella al último.
Y la orquesta alemana la dirige un francés....
Se muere sí pero con mucha pena y tarda un buen rato, y en su larga agonía de tísica se larga unos bocinazos tremendos, y eso es de mucho mérito y de gran conmoción para el público y entonces eso la convierte en la protagonista principal.
AdMiles: ese puede ser un argumento: la simpatía del pùblico por su destino y por la pirotecnia del papel.
Podrían salir a saludar los dos al mismo tiempo.
Mimì, a no ser que el tenor sea una gran figura invitada.
Lo que no es nuestro caso Mocho, hacemos la obra con el ensamble de la casa.
Me habéis convencido, está bien que Mimí sea la última.
¡Cleptómano lírico! :-)
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