lunes, 25 de febrero de 2013

Trampas y mordiscos

   A pesar de la experiencia, de tener tantos años de escenario, las funciones suelen dar sorpresas. O estar llenas de trampas, como sostiene mi costado paranoide.
   En la función de "Evita" del 24 de febrero hubo que susbsidiar muchas ausencias del personal por enfermedad (la gripe sobrevuela por la región). De ahí que tuviera que levantar a la mezzo protagonista en mis brazos con una rosa entre los dientes. A juzgar por su canto no creo que haya sido un problema el que entrara a escena llevada por un colega distinto al acostumbrado.

   Pero en el número de los militares y los aristócratas, el número con la coreografía mejor aprendida, fue el de los textos intercambiados y del falso brazo. En un momento, donde no sé si me distraje pensando en otra cosa o tuve un blanco de memoria, confundí la estrofa y canté lo que va en otro sitio, de modo que en los silencios que hacían los colegas se escuchó mi voz que seguía con la línea falsa. El amable lector no debe olvidar que llevo un micrófono personal pegado a la cara. Así, todo espectador y hasta las señoras acomodadores de la sala, que esperan el fin de la función jugando a las cartas y tomando café en el foyer del teatro, pudieron escuchar el entuerto.
   Inmediatamente me dí cuenta del error y callé para escuchar a los colegas y entrar de nuevo en la parte. Pero ese momento de rectificación me llevó a caer en otra trampa: al salir del flujo de la coreografía tuve que volver a encastrar en un pasaje que debió ser muy a contramano porque levanté el brazo izquierdo cuando todo el mundo a mi alrededor levantaba el derecho y olvidé de marchar (pierna derecha arriba, brazo izquierdo pegado al cuerpo) en toda un frase.

   Se dirá que solo notaron mi problema con el texto los que conocen la parte, no necesariamente el público. Y que el hecho de que los colegas del ballet estén en la primera fila, delante de nosostros, los coreutas, hace que los errores se minimicen. Sin embargo, el amable lector puede imaginarse cómo me sentí en esa situación . De haber podido arrancarme alguna parte del cuerpo a dentelladas salvajes (no estoy tan flexible como otrora) lo habría hecho.

4 comentarios:

Pernam dijo...

Estoy seguro de que el público ni se enteró. Es nuestro espíritu de superación y nuestra autoexigencia lo que en ocasiones provoca estos errores.

No voy a perder la ocasión para ser el primero en pedirte la foto de ese momentazo con la rosa entre los dientes...

rickisimus2 dijo...

Piensa que eran los demás los que iban a contramarcha.

Eleuterio dijo...

Pernam: no hay tal foto. ;-)
Los que se enteraron fueron los colegas maledicientes...

Pero con lo de la autoexigencia tienes razón.

Eleuterio dijo...

rickisimus2: no me consuela demasiado...no fue un buen fin de semana, la verdad.